La metáfora en el relato del poder

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Comunicacion
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By Published On: diciembre 12th, 2021Categories: ArtículoTags: , , ,

Las metáforas son un recurso retórico que se emplean en el discurso /relato/storytelling político, con el objetivo de lograr una más fácil comprensión del mensaje de quién lo emite.  Las metáforas están en relación con los diferentes tipos de ingredientes dentro del relato político.

La comunicación política es el escenario donde en forma permanente se juegan fuerzas simbólicas, un lugar donde desde hace un tiempo, se sufre falta de interés por parte de la opinión pública. La escasez de un análisis profundo por parte de los actores políticos sobre lo qué le pasa a la sociedad  se ha profundizando. Es que, las reglas bajo las cuales se rige el humor social, están en permanente cambio dependiendo de los hechos que van sucediendo producto del dinamismo inherente a la vida cotidiana.

El político tiene que aparecer ante la ciudadanía, para mostrar que él sabe cuales son las demandas de la sociedad, transmitiendo un mensaje que pretende convencer, persuadir a la audiencia que tiene las soluciones que se demandan.

Por otro lado el auditorio está formado por la muchedumbre, que también tiene su discurso, sus vítores, sus abucheos, sus cánticos y, el discurso colectivo que muchas veces lo lleva actuar en forma irracional y comportarse como masa incontrolable que comete desmanes.

Y es el relato populista que ha sabido sacarle provecho a generar una polarización discursiva, que le permite en cierta manera el control de sus seguidores. Como dice Richard Sennet [1] con relación a los tres fines que ha cumplido la metáfora: “Generar la ilusión y el engaño como elementos de la vida de la sociedad. Ese relato nunca es neutral, modela, construye y simplifica los estímulos que se desean transmitir.”

Las metáforas son un elemento importante para convencer, hace al relato más atractivo, pero como siempre todo depende del fin que se persiga.

El discurso populista tiene la habilidad de elaborar una astuta retórica en la que se adjudican éxitos, en los cuales jamás participaron o sucedieron. Como ha ocurrido en la Argentina, después de las elecciones de medio término (14/11/21) que ganó la oposición, no obstante el Gobierno hizo un acto festejando su derrota electoral instalando el sofisma: “ganamos perdiendo”. Lo que fue respaldado por una compulsiva e importante movilización de sus simpatizantes y por aquellos que, por su extrema pobreza dependen de los subsidios del gobierno para comer, que los ha transformado en clientes más que en ciudadanos.

La comunicación épica, así no sea cierta, es un recurso muy eficiente que emplea metáforas las que tienen distintos significados y cada oyente se queda con el significado más apropiado para ese contexto épico en el que se encuentra inmerso.

La ambigüedad es un fenómeno que se le entrega a quienes son receptores del mensaje para que lo resuelvan, pero también a través de ella, el emisor declara su poder ejerciendo, la capacidad de persuadir y tener contento a un amplio universo de la población.

La opinión pública mayormente, legitima las ideas impuestas con sistemas demagógicos, de soluciones mágicas y de problemas creados por los otros.  Esa falacia termina funcionando como un formato de asentimiento y de opinión de los individuos, sobre todo desde la juventud, sector más permeable y por ello, más propensa a adoptar esas creencias.

Tal como lo señala Cristian Moreno en su artículo, La disputa del sentido común[2] “Los colegios y universidades son determinantes en la etapa formativa y esto la izquierda lo entendió muy bien. Cuando Antonio Gramsci habló de tomar la educación y la cultura, estableció una fórmula para aspirar a la hegemonía.”

Puede ocurrir un empate y ninguno de los grupos que luchan por la hegemonía es capaz de conseguirla, pero sí es capaz de bloquear a su opositor; un claro ejemplo es Venezuela.

El populismo sabe que la batalla por instalar una cultura hegemónica es una batalla diaria, una campaña permanente, desde todos aquellos lugares dónde tenga un representante.

Es el relato populista el que más y mejor emplea las metáforas, una herramienta necesaria para persuadir a la opinión pública, sensibilizar y lograr imponer ideas  y creencias para alcanzar sus objetivos. Dentro de ese lenguaje metafórico hay otro componente que emerge en forma permanente, que es marcar quién tiene el poder y quienes se resisten a él.  Esto les recuerda quién es el que domina el escenario político y no admite que sus opositores puedan tener otras ideas. Es “nosotros o el caos”, tantas veces usado, en las confrontaciones, por ello no hay adversarios sino enemigos: “No nos va a temblar la mano en hacer cumplir la ley del impuesto a la riqueza.”

Se mantiene en forma permanente un sistema conceptual metafórico bélico, de intolerancia, de intimidar al oponente que los lleva a la imposibilidad de generar un diálogo y menos, lograr consensos. El populismo se arroga que ha llegado para moralizar la vida pública, sin importarle que los difusores de ese concepto sean o no corruptos.

En realidad el uso de las metáforas ayudan a entender el mundo y actuar  en consecuencia, pero también – como en el relato de los autócratas – se vale de ellas para ocultar la realidad que vive el pueblo.

En el ámbito político y en el periodismo, que es el medio por el cuál el político es visible, se emplean metáforas agonales. Los medios de comunicación aportan un alto grado de conflictividad al utilizar los términos de los ámbitos bélicos o lúdicos en la presentación de las noticias políticas. De alguna manera contribuyen a consolidar  las posiciones extremas.

En esa confrontación queda sepultada la exaltación de los valores democráticos, es más, contribuye a debilitar la cultura democrática, como sucedió en EE. UU. el 6 de enero de 2021 cuando fue tomado el Capitolio por los partidarios de Donald Trump, que desconocían el resultado de las elecciones a presidente.

Jacques Julliard lo resume muy bien, “El populismo, es el pueblo sin democracia” [3], los que sí creemos en la democracia, debemos propiciar el diálogo, ya que sin él es imposible construir un futuro mejor.

[1] R. Sennet, El declive del hombre público, Editorial Peninsula, Barcelona, 1978.

[2] https://faroargentino.com/author/cristian-moreno/

[3] J. Julliard, La culpa de las élites, Editorial Gallimard, París 1997.

Jorge Dell´Oro

@dellOroJOrge

Consultor en comunicación, coordinador de @OCPLA y miembro de Cultura Democrática

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