Por Adriana Sirito. Directora de Sustentabilidad Regional de Moody Brook Consultores. Coordinadora de Posgrados de Educación de la UCA. Miembro del Comité Académico de Cultura Democrática.

Un nuevo paradigma llegó y es para quedarse, décadas atrás referentes de la industria musical entonaban un himno de reclamo mundial, en pos de la paz y la prosperidad y en la lucha contra el hambre en África aclamando a viva voz: “nosotros somos el mundo, nosotros somos los chicos” en alusión al cuidado de las nuevas generaciones dando uno de los primeros pasos en lo que hoy denominamos sustentabilidad.

Pero cinco décadas más tarde, no sólo que no se ha terminado con la hambruna en ese continente sino que empeoró como en muchas otras regiones de América Latina y el mundo.

Lo que pocos recuerdan es que frente al auditorio asomaba un cartel con una leyenda para aquellos líderes musicales: “dejar los egos afuera”.

Parece una paradoja, pero esta anécdota nos sirve para adentrarnos al tema en cuestión, la pregunta es tan simple como ¿deberían los líderes mundiales dejar aparte sus egos y comprender que hay una nueva humanidad que reclama y acompaña una manera diferente de relacionarse con las demás personas como también la de adquirir los bienes y servicios que consume?

Las respuestas  son múltiples e infinitamente complejas. Pero una es seguro, las empresas a nivel global comienzan a transformar su cultura organizacional para adaptarse a las demandas de una ciudadanía más comprometida con el ambiente pero también con la mejora de la calidad de vida de ellas mismas y como consecuencia de ese cuidado, la de los demás.

Hasta hace unos pocos años, era poco probable hablar de consumo responsable, ecológico o sustentable, sin aludir a una lógica incompatibilidad con las ganancias de las compañías, pero hoy en día el consumidor es consciente que necesita contar con una variedad de productos y servicios que respondan a sus necesidades y demandas conscientes y consistentes a esta nueva manera de vivir en “modo sustentable”.

Y el empresario y productor, entiende que hay un nuevo mercado transformado, muchas veces inexplorado que puede ser la punta del iceberg para ampliar y potenciar su negocio y hacerlo crecer.

Estrategias empresariales como el greenwashing, el respeto y el cuidado del ambiente, pero también las políticas de respecto de los derechos humanos, la incorporación de prácticas transparentes, el impacto social que deja en las comunidades donde desarrolla su negocio, y la manera de gestionar la sustentabilidad y buenas prácticas son cada vez más demandadas por el consumidor que asume una responsabilidad consciente en ese acto de compra.

En países europeos y en Estados Unidos han realizado investigaciones que arrojan números esclarecedores y que confirman esta tendencia hacia el cambio de un consumidor dispuesto a pagar por bienes y servicios que respeten las reglas de juego en torno a la sustentabilidad y trazabilidad social.

En América Latina, y sobre todo en Argentina, necesitamos conocer más este nuevo consumidor y su manera de vivir y sentir. Son sin dudas las redes sociales, un buen termómetro, pero no es suficiente. Los nuevos modelos del consumo son  los instagramers y los youtubers, quienes con millones de seguidores que esperan ser su reflejo de sus gustos, gastos y deseos  pueden ser capaces de hacer ascender o descender marcas de consumo masivo, mostrando aciertos y decepciones si no instan a cambiar la forma en presentar sus productos o servicios, ya sea por el packaging, por el formato, por la manera de producir y distribuir, entre tantas otras.

Es por ello, que un consumidor consciente, es su vez, responsable, ético, y sustentable, porque  es capaz de conectar sus gustos y preferencias para adquirir productos de aquellas empresas que le garanticen y ofrezcan ser parte de esta nueva cultura de “consumo responsable mundial”.

Reconocer a ese ciudadano como consumidor consciente también es responsabilidad de un nuevo liderazgo empresarial que no tendrá que esperar una canción exitosa para actuar sino que ya es parte de la partitura.

Fuente: https://www.elliberal.com.ar/