En Cuba, la creación independiente sigue siendo una forma de resistencia. Frente a la censura, el control y la represión del régimen, artistas, periodistas, investigadores y activistas continúan generando espacios de libertad de expresión, memoria y organización cívica. Crear, decir y mostrar lo que se vive no es neutral: es un acto político que implica riesgos concretos.
En un contexto donde la libertad de expresión es criminalizada y el disenso castigado, estas acciones no solo producen cultura. Defienden derechos, construyen memoria y sostienen la dignidad de una ciudadanía que se niega a callar. La sociedad civil cubana, y especialmente su escena cultural independiente, sigue abriendo grietas allí donde el poder intenta imponer silencio.
Durante 2025, desde Cultura Democrática apostamos de manera decidida por la creación independiente como estrategia democrática. Acompañamos a artistas, periodistas y activistas que hacen del arte una herramienta de libertad, denuncia y conexión con el mundo. No se trató de sumar proyectos culturales, sino de fortalecer un ecosistema vivo de resistencia cívica, dentro y fuera de la isla, capaz de disputar sentidos, romper el aislamiento informativo y llevar la causa cubana al debate regional e internacional.
Cuba atraviesa una crisis profunda que es económica, social y, sobre todo, política. El cierre sistemático de los espacios de participación, la persecución del pensamiento crítico y el control cultural convirtieron al arte independiente en uno de los pocos canales posibles para decir lo que no se puede decir, mostrar lo que se intenta ocultar y sostener la imaginación de futuros posibles.
Con esa convicción impulsamos el proyecto Memoria y Cultura por la Democracia en Cuba para fortalecer a quienes crean desde la autonomía, amplificar sus voces y contribuir a que sus proyectos alcancen visibilidad, impacto y proyección internacional. Porque cuando la política clausura, el arte no decora la realidad: la confronta. Y en Cuba, hoy, crear sigue siendo una de las formas más firmes y valientes de ejercer la libertad.
Cada uno de estos proyectos confirma algo esencial: ni la censura ni la represión lograron quebrar a la sociedad civil cubana. Aun en las condiciones más adversas, artistas, periodistas y creadores siguen produciendo sentido, organizándose y resistiendo. Apostar por el arte independiente, el periodismo libre y la cultura democrática en Cuba no es una elección coyuntural: es una toma de posición política a favor de la libertad. Esa convicción es firme. Y no se negocia.
Visibilidad internacional: una necesidad urgente
Para los creadores cubanos independientes, la visibilidad internacional no es un lujo ni una aspiración simbólica. Es una forma concreta de protección, legitimidad y supervivencia. Dar a conocer sus obras, amplificar sus voces y sacar sus nombres de los márgenes impuestos por el régimen es clave para sostener su trabajo y romper el aislamiento al que el poder intenta condenarlos.
Cada espacio que se abre, cada obra que circula, cada creador cubano que es escuchado fuera de la isla debilita la lógica del silencio forzado y erosiona el control cultural como herramienta de dominación.
Hablar de cultura democrática en Cuba implica reconocer a estos creadores como actores clave de la transformación social. Son ellos quienes, con enorme costo personal, mantienen viva la idea de que otro país es posible. Un país donde decir, crear y pensar no sean delitos.
Cuba merece ser libre. Merece una sociedad abierta, plural y democrática. Y mientras ese día llega, acompañar, visibilizar y defender a sus artistas y proyectos independientes no es solo un gesto solidario: es una responsabilidad ética.
Porque donde hay arte libre, todavía hay esperanza.
Conocé los 20 proyectos y a los creadores cubanos que acompañamos desde Cultura Democrática
Durante 2025 acompañamos 20 proyectos de creación independiente, dentro y fuera de la isla. A continuación, los artistas y las iniciativas que sostuvieron, desde el arte y la cultura, espacios de libertad y resistencia cívica.
Documentar lo que el régimen quiere borrar
Varios proyectos se enfocaron en memoria, denuncia y documentación, desarmando el relato oficial a partir de historias reales y datos concretos. El historiador y periodista independiente Boris González Arenas reconstruyó la vida de veteranos cubanos de las guerras de África que hoy defienden los derechos humanos, aportando una narrativa alternativa sobre memoria y dignidad. Lo hizo con entrevistas y una nota de investigación publicada en El Toque. Por otro lado, el productor y fundador de Visitio Andy Ruiz Muñoz, con Blackout, visibilizó el impacto de la crisis eléctrica en personas mayores y sectores vulnerables, articulando redes seguras entre Cuba y el exilio. A estos trabajos se sumó el proyecto colaborativo Homenaje a los 30 años de Cuba Press, que reunió a periodistas de la isla y el exilio para reafirmar el legado del periodismo independiente fundado por Raúl Rivero. Cada una de estas iniciativas fue una cachetada directa a la propaganda oficial y al intento sistemático de borrar la memoria incómoda.
Crear plataformas donde el diálogo todavía es posible
Frente al control estatal de los medios y los espacios culturales, apoyar plataformas independientes fue clave para sostener la conversación pública. El Techo, de Noelia García Olivera, pasó de podcast a ecosistema cultural multicanal, conectando a artistas dentro y fuera de la isla. En la Voz de Ellas, de Iris María Mariño, construyó una comunidad emocional potente, no sólo en Camagüey donde es oriunda sino a través de las redes, poniendo en agenda las experiencias de mujeres cubanas desde una mirada íntima y política a la vez. La Plataforma Elías Permut se consolidó como un espacio central para artistas censurados, articulando arte contemporáneo, periodismo y pensamiento crítico, en un rol comparable al de INSTAR dentro del artivismo regional. Elías Permut desde el exilio en México ha continuado su trabajo de defender la libertad artística junto a su equipo que está aún en la isla a pesar de la persecución política y la crisis humanitaria.
Arte, comunidad y acción directa
Otros proyectos fueron más allá de la producción individual y trabajaron cuerpo a cuerpo con comunidades. Es el caso de Cuba en Voz Alta, de Osiel Morales Díaz, desde Ciego de Ávila, que realizó la II Encuesta Nacional sobre Derechos en Cuba, con más de 1.200 respuestas en todo el país, combinando investigación, formación cívica y participación ciudadana. Asimismo, el proyecto de Voces de Mujeres, de Sara Cubas Delgado, llevó información sobre violencia de género y libertad de expresión a zonas rurales y urbanas de Villa Clara mediante boletines físicos y digitales, ampliando el acceso a derechos en contextos de fuerte aislamiento informativo. El proyecto Habitando Espacios, de Yindra Regueifero, recuperó espacios abandonados en La Habana para talleres artísticos con niños y familias, tejiendo confianza comunitaria desde el arte, la danza y la pintura.
Pensamiento crítico, espiritualidad y disputa cultural
Algunos proyectos trabajaron en el cruce entre cultura, ideas y libertad interior. Las editoras Teresa Fernández y María Antonieta Colunga, con Hoz y Cruz / Boca de Lobo, lograron posicionar la libertad religiosa en el debate sobre derechos humanos en Cuba, visibilizando la resistencia de comunidades evangélicas frente al totalitarismo a través de un libro y encuentros académicos. La cineasta Daylet Acevedo Pérez, con El Aliento Zen, exploró la espiritualidad budista como espacio de autonomía personal, convirtiendo la introspección en una forma silenciosa pero profunda de resistencia. Por otro lado, el intelectual disidente Jorge Núñez recuperó el pensamiento de José Martí como herramienta viva para la formación cívica y democrática, fortaleciendo vínculos entre intelectuales, jóvenes y activistas en Pinar del Río.
Memoria cultural, exilio e identidad
La preservación de la memoria artística y el diálogo con el exilio también ocuparon un lugar central. Es de destacar el trabajo realizado por Mariela Brito y Nelda Castillo quienes documentaron décadas de teatro y performance independiente en el libro Corpus, cuya presentación en La Habana se convirtió en un acto colectivo de memoria crítica. Por otro lado, Ramón Hondal, desde Grupo Anima en La Habana, impulsó la recuperación de revistas, libros y pensamiento opositor cubano, apostando por la edición como herramienta democrática. Desde el exilio, Carla Bellido aportó desde el exilio su trabajo editorial y de diseño a proyectos de Cultura Democrática y Grupo Anima, ampliando la circulación de ideas humanistas. Y por último, el cineasta Ricardo Figueredo pudo editar el documental Sinfonía del Destierro, centrado en la experiencia del exilio artístico cubano, mientras Lía Villares, con Crítika Rizomátika, sostuvo un podcast experimental que cruza arte, política y pensamiento crítico como ejercicio permanente de libertad.


